Capítulo 1. Nace Tela (y viene con una sorpresa bajo la pata)

La ratona ya había hecho su nido y había acumulado grano. En el barco sólo vivía otro animal, el humano, que rara vez bajaba a la bodega. La noche estaba tranquila. Era el momento. Solo se oían las olas rompiendo suavemente contra el casco, y de pronto, un coro de chillidos agudos. Acababan de nacer ocho ratoncitos que se callaron enseguida cuando la ratona empezó a amamantarlos. Estuvieron dos semanas acurrucados al calor de su madre, ciegos e indefensos.

Entonces, un amanecer, uno de ellos abrió los ojos. Era la última ratona que había nacido, la más menudita de todos. Los rayos del sol iluminaban toda la bodega a través del ojo de buey.

TelaLa pequeña miraba a su alrededor con sorpresa.

– Buenos días, hija mía, bienvenida a la vida. – le dijo la ratona.

Una sensación de alegría la invadió.

– Oh, mamá, qué bonito es todo lo que nos rodea, ¿dónde estamos?.

– Estamos en un barco, hija. Llegué aquí con vosotros en mi vientre cuando huía de los gatos del puerto.

– ¿Qué es un barco?,  ¿qué es un vientre?, ¿qué es un gato?, ¿qué es un puerto?…

– Poco a poco, pequeña. Hay muchas cosas que aprender, pero no conviene tener prisa. La curiosidad mató al gato y la paciencia salvó a la ratona. Date un paseo para estirar las patas. Cuando vuelvas, cuéntame lo que has visto. Según lo que sea, te pondremos un nombre.

La ratoncita se desperezó y avanzó con timidez. Recorrió aquel espacio inmenso. Se metió por todos los huecos que encontró hasta que llegó a la base de una gran caja cuya tapa estaba abierta. – ¿Qué habrá ahí dentro? – pensó. Trepó con agilidad y cuando llego arriba, se asomó al borde. Se quedó maravillada: ¡dentro de la caja había un montón de colores brillantes! Se lanzó sin pensarlo y aterrizó sobre un suelo liso, blando y suave. Inspeccionó durante mucho rato toda la caja, acariciando las texturas y admirando los colores. Por fin, se durmió en un rincón, feliz con su hallazgo.

Cuando despertó, tenía hambre. Salió de la caja y vio que sus siete hermanos ya andaban husmeando por todos los rincones. Volvió al nido, quería comer y contarle a su madre lo que había descubierto.

– Hola, pequeña – le saludó su madre, – ven a mamar y después, dime dónde has estado y qué has visto.

– Mamá, he encontrado un lugar maravilloso: una gran caja llena de objetos suaves de brillantes colores.

– ¡Una gran caja llena de objetos suaves! Eso parece el baúl de los disfraces del humano… Pero, ¿de brillantes colores? Qué curioso, ¡los ratones no vemos los colores! Hija, eso es algo muy especial…

– Todo lo que allí había era blandito, ¿qué es ese material, madre?

– Enseguida te lo diré. Antes, quiero reunir al resto de pequeños. Todos tienen ya su nombre y sólo faltas tú: ¡Madera, Trigo, Ron, Soga, Papel, Anzuelo, Vela, venid aquí! – llamó.

Todos los ratones llegaron corriendo e hicieron un círculo alrededor de su madre.

– Hijos míos, esta es vuestra hermana pequeña. Ha encontrado un material que los humanos aprecian mucho y con el que cubren su cuerpo y todo su mundo. Un material que brilla con mil colores diferentes que solo ella entre todos lo ratones puede ver. Será nuestro secreto. Vuestra hermana se llamará Tela.

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